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Reconocer Su Voz

Crecí en una familia en la que orábamos antes de la comida, en las noches antes de dormir, y en medio de un problema. Así fue durante años. Pero aunque aprendí a conversar constantemente con Dios, me di cuenta hace apenas unos años de que en realidad daba un monólogo en el que pedía por mí y por otros, y aunque ya más grande trataba de que mi enfoque fuera agradecer y alabar, seguía siendo un soliloquio. No creía que Dios y yo pudiéramos tener un diálogo.

Es por esto que me impresionaba escuchar a personas mencionar que Dios les había dicho algo concreto. Una parte de mí se mantenía dudosa, ¿será posible?, ¿hablará en sentido figurado? Pero mi corazón siempre anheló escuchar Su voz, reconocerla con facilidad, y ahora sé que Él lo anhela también.

La combinación de dos ideas me dio una nueva perspectiva que sigo luchando por implementar definitivamente en mi vida. La primera es lo que Malcolm Gladwell llama la “Regla de las 10,000 horas” en su libro Outliers: The Story of Success, que dice que para ser considerado un experto en cualquier habilidad o materia debes practicar correctamente durante por lo menos 10,000 horas. La segunda idea provino de una conferencista (cuyo nombre, lamentablemente, no recuerdo) que platica que cuando era pequeña su papá le explicó que escuchar la voz de Dios es como hablar por teléfono. Ella reconocía la voz de su padre a través del auricular porque lo escuchaba todo el tiempo y le era familiar, pero identificar la voz de una tía que casi no veía le costaba más trabajo.

Este fue un gran descubrimiento para mí. No hay personas a quienes Dios simplemente les habla y otros a quienes no les tocó y fin de la discusión. Escuchar la voz de Dios es una práctica. Se puede aprender y mejorar. Y tomando como referencia la idea de las 10,000 horas, se puede ser un experto en reconocer Su voz si lo practicamos diariamente. Se trata de un hábito que materializa nuestra dependencia en nuestro Creador y cambia nuestras vidas.

Así que te invito a probar esto durante una semana. No se trata de que pases tres horas en meditación ni nada así. Te invito a que junto con tus peticiones, agradecimientos y alabanzas destines un tiempo a guardar silencio y escuchar, a preguntarle cosas al Espíritu Santo y esperar por una respuesta. “¿Cómo eres Tú? ¿qué piensas de mí?” son preguntas con las que puedes iniciar. ¡Lo más divertido de esto es que Dios nos puede hablar de muchísimas maneras! Y a todos nos habla de maneras diferentes. A través de un pensamiento que surge en nuestra cabeza, una idea creativa, una canción, un sentimiento, la brisa, una película, las palabras de un amigo, el canto de los pájaros, una imagen, un versículo, en verdad ¡no hay límites para el lenguaje de Dios!

Y por si no sabes por dónde empezar, dame el privilegio de hacer una oración contigo.

“Pa, gracias por ser quien eres, mi Padre bueno, fiel y extremadamente amoroso. Gracias porque todo lo que has hecho por mí, (crearme, hacerte hombre, morir por mí, resucitar, darme a tu Espíritu Santo, no dejarme…) ha sido para tener una relación íntima conmigo. Te necesito. ¡Desesperadamente! Quiero estar más cerca de ti y conocerte más. Quiero ser tu amiga íntima, que me cuentes cómo te sientes, cosas que piensas, y qué hay en tu corazón. Por favor háblame de una manera refrescante y permíteme saber que eres Tú. No quiero escuchar ninguna otra voz, ni siquiera la mía. Tu voz es la más importante. Dime cuánto me amas, qué ves cuando me ves…”

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