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Haciendo el Trabajo Difícil

La gran mayoría de nosotros iniciamos nuestro caminar con Jesús conquistados por palabras de amor que escuchamos de predicadores. Con Él estamos protegidos, amados, aceptados. La invitación es a confiar en Él y solo en Él. Sin lugar a dudas todo esto es verdad, en Él tenemos todo.

Pero tiempo después, surge en nuestro corazón el deseo de compartir el gran amor y presentar al mundo a aquél que nos amó sin condición: JESÚS. En este punto las cosas parecen sencillas, pero es justo cuando estamos más cómodos, que Él muestra una nueva faceta, un nuevo camino por el cual desea que andemos.

Entonces, con tu permiso Él inicia un tiempo de crecimiento espiritual en tu vida, empieza a llevarte a madurar y a hacer de ti un hijo suyo fuerte y digno. ¿Qué significará esto? La cosa suena un poco desafiante, la última vez que me dijeron “no hagas eso, tú ya estás grande” no me sentí precisamente feliz. La madurez espiritual se relaciona con:

Nuestra conducta: Actuar bien cuando otros me ven, o actuar bien, incluso cuando nadie me ve.

“Así podrán portarse como deben hacerlo los que son del Señor, haciendo siempre lo que a él le agrada, dando frutos de toda clase de buenas obras y creciendo en el conocimiento de Dios”.

Colosenses 1:10

Nuestra boca: Poner freno a nuestra boca y permitir que sea un instrumento de bendición. Sabemos que murmurar, quejarse y chismosear puede ser muy agradable y tentador, pero con ello nos unimos a nuestro enemigo.

“Eviten toda conversación obscena. Por el contrario, que sus palabras contribuyan a la necesaria edificación y sean de bendición para quienes escuchan”.

Efesios 4:29

Nuestro corazón: Todos los asuntos de nuestra vida buenos o malos provienen de nuestro corazón, de lo que hay en él. Las personas solemos calificar a los otros de acuerdo a la apariencia, pero recordemos que Dios ve el corazón y las verdaderas intenciones de nuestras acciones.

“Yo, Jehová, escudriño el corazón, pruebo los pensamientos, para dar a cada uno según sus caminos, según el fruto de sus obras”.

Jeremías 17: 10

Nuestra mente: Vigilar nuestra mente y guardar pensamientos de bien y no de mal. Hay que olvidar el viejo refrán “piensa mal y acertarás”, que por años hemos aplicado y por más sabio que parezca, va totalmente en contra de lo que enseña la Biblia.

“Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”.

Filipenses 4:8

Relación con los demás: ¿Cómo trato a los que me rodean? ¿Cómo les hablo? ¿Permito que alguien me caiga mal? ¿Abrigo pensamientos lastimeros u ofensivos para otros? ¿No puedo perdonar sus ofensas?

“No hagan nada por rivalidad o por orgullo, sino con humildad, y que cada uno considere a los demás como mejores que él mismo”.

Filipenses 2:3

Ahora, muchas cosas “normales” ya no nos son permitidas y tenemos que nadar contra corriente, dejar hábitos de nuestra familia y de nuestra cultura y nos enfrentamos a la disyuntiva de madurar o no. Parecen cuestiones sencillas, aunque sinceramente cambiarlas duele y cuesta y no va a ser agradable, pero esto tiene mucha importancia a los ojos de Dios. Él no pasa por alto esos “pequeños detalles”, al contrario, está pendiente y listo para aplaudir cuando hacemos dignamente el trabajo difícil actuando como hijos suyos en el momento más complicado.

Quizá ya no nos sentimos tan alegres, incluso se pierde la ilusión de ser enviado, pero ser enviado no debe ser el aliciente para crecer y hacer el bien, el aliciente es solo estar más cerca de Él, ser una dulce fragancia que llene su corazón cuando se pasea en la tierra, la ilusión de sacar una sonrisa de su boca, un suspiro de su corazón y que se sienta amado, lo demás seguro vendrá…

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Nos vemos este y todos los domingos a las 10 AM y 12 PM en Camino a Santa Teresa #1500, Colonia Jardines del Pedregal, Álvaro Obregón, México, D.F.

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