salomón

El Corazón de Salomón

David tuvo en su corazón construir casa para Jehová y Él le dijo:

“No edificarás casa a mi nombre, porque has derramado mucha sangre en la tierra delante de mí. He aquí te nacerá un hijo, el cual será varón de paz, porque yo le daré paz de todos sus enemigos en derredor; por tanto su nombre será Salomón, y yo daré paz y reposo a Israel en sus días. Él edificará casa a mi nombre, y él me será por hijo, y yo le seré por padre; y afirmaré el trono de su reino sobre Israel para siempre.

1 Crónicas 22:8-1o

¿Quién como Salomón? Dios amó a David y a Su pueblo Israel y decidió bendecirlos a través de la vida de Salomón y me encanta la actitud que el nuevo rey toma ante la gracia y bondad de Dios. Salomón ya era un rey designado por Dios mismo, ya tenía el favor de su pueblo porque el Señor afirmó su reino, y él ya tenía el privilegio de ser quien construiría casa para el único Dios, simplemente porque Dios pronunció que así sería. Pero de la promesa a la profecía cumplida aún había un largo camino por recorrer.

Salomón no se relajó porque todo ya le había sido dado de parte de Dios. Su corazón buscó al Señor más y más entregando siempre lo mejor de él y con actitud humilde. Salomón convocó a toda una asamblea para reunirse con Dios y ofreció mil holocaustos, y Dios se le apareció de noche y le dijo:

“Pídeme lo que quieras que yo te dé.”

2 Crónicas 1:7

Y Salomón, buscando agradar a su Dios y cumplir con el propósito que Él le había dado, contestó:

“Dame ahora sabiduría y ciencia, para presentarme delante de este pueblo; porque ¿quién podrá gobernar a este tu pueblo tan grande?”

2 Crónicas 1:10

Dios se agradó por lo que había en el corazón de Salomón y no solo le concedió sabiduría sino también riquezas, bienes y gloria como ningún otro rey. Ante esto, nuevamente, Salomón no dejó de perseguir a Dios, le construyó un templo maravilloso repleto de oro y riquezas. Y después de que Salomón oró, descendió fuego de los cielos, y consumió el holocausto y la gloria de Jehová llenó la casa. Otros gobernantes viajaban para escuchar la sabiduría de Salomón y comprobar su grandeza, le traían regalos y más riquezas y reconocían que su Dios era grande.

La vida de Salomón fue un gran éxito y cuando leo su historia deseo que Dios encuentre en mi corazón lo mismo que vio en el corazón de Salomón. ¿Qué había ahí? Yo creo que el tesoro en el corazón de aquel gran rey fue un amor intenso y profundo por Jehová y una convicción de servirle siempre con lo mejor que podía dar. Dios ha pronunciado sus bendiciones y planes buenos para nosotros y lo que más le agrada es que lo amemos y lo busquemos de todo corazón. Nuestro Dios es un padre bueno y amoroso que quiere relacionarse íntimamente con nosotros.

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