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Hijo del Bendito

“Pero él callaba y nada respondía. El Sumo sacerdote le volvió a preguntar: —¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito? Jesús le dijo: —Yo soy. Y veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del poder de Dios y viniendo en las nubes del cielo.” ‭‭Marcos‬ ‭14:61-62‬ ‭RVR95

En el momento más bajo de Cristo, el representante de la religión principal de ese lugar le hace una pregunta “¿eres el Hijo del Bendito?”  La palabra ‘bendito’ viene de una palabra griega que se podría traducir como próspero y lleno de gozo.  Jesús en su momento de más humillación en el que fue desprendido de todo, le preguntan: “¿de verdad eres hijo del Próspero, del que lo tiene todo?”

A veces nuestras circunstancias adversas y dificultades ponen en cuestionamiento de quién somos hijos, a quién pertenecemos.  Jesús no dudó, levantó la cabeza y dijo: “sí lo soy y un día me vas a ver en toda mi gloria.”

Si hoy te encuentras en una situación difícil, sin saber cómo vas a cubrir deudas, humillado en el trabajo o en tu familia, levanta la cabeza y recuerda: ¡Eres hijo del Bendito y pronto el poder del Altísimo se revelará aún en tus circunstancias!

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Que sea la luz

Al comenzar este nuevo año (por cierto, enero, ya se acabó…), he estado pensando en nuevos comienzos y he estado dando vueltas al comienzo de comienzos.

La creación, Génesis. Cómo Dios puso orden, sentido y color a un proyecto, a una plataforma para que se diera la vida.

Génesis nos narra el proceso. Agrupó el agua y “lo seco”, la tierra.

De ella salió vida vegetal, animal y luego su “obra maestra,” el hombre.

Su amigo, su compañero, la persona con la que podría desarrollar una amistad y una relación.

Antes de todo esto, la tierra estaba desordenada y vacía (me la imagino fría, húmeda y oscura).

Y para arreglarla, ordenó “QUE SEA LA LUZ”.

Me llama la atención que Juan en su primer carta a Asia menor (1a Juan), abre con una analogía “Dios es luz, y no hay tinieblas en Él”.

Dios pudo haber comenzado con la tierra y el agua, con los animales, peces y aves, sin embargo, decide primero traer SU LUZ para poner orden y luego crear.

En este 2017 Dios tiene planes para ti. Planes que traerán orden, sentido y color a tu vida y tu propósito.

Es necesario que primero dejes que entre a tu corazón y traiga su luz, su verdad, su rescate continuo y su amor.

Una vez con luz, empezará a ordenar y crear, sacar vida donde no la había.

Es mi oración que permitamos a Dios y Su Luz entrar hasta el último rincón de nuestro ser.

QUE SEA LA LUZ.

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Más de lo que podamos imaginar

Con el 2017 ya aquí, he estado pensando mucho en lo que siento que Dios quiere hacer en mi vida este año. Al hacer esto, me doy cuenta de que muchas veces condicionamos a Dios y lo que Él puede hacer basados en cómo nos fue el año pasado. Si el 2016 fue un año difícil, esperamos que el 2017 sea un poco mejor. El problema de esto es que generamos expectativas basadas en lo que hemos experimentando y no necesariamente en lo que Dios quiere hacer con nosotros.

“Al que puede hacer muchísimo más que todo lo que podamos imaginarnos o pedir, por el poder que obra eficazmente en nosotros, ¡a él sea la gloria en la iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos! Amén”                                                                                                             Efesios 3:20

Este versículo en Efesios ha estado dando vueltas en mi cabeza mientras pienso en este siguiente año, ya que entonces mis expectativas, mi esperanza, mi imaginación, no se comparan a lo que Dios quiere hacer por mí en este 2017. Mi Padre “puede hacer muchísimo más de todo lo que podamos imaginarnos o pedir” y eso me hace ajustar lo que espero de Él. Piensa en un área de tu vida por la que le estás pidiendo a Dios para este año, puede ser por tus hijos, tu economía o tal vez tu salud. Dios puede y quiere ir más allá del mejor escenario que puedas imaginarte. Si hay algo que he aprendido es que nunca podemos exagerar su bondad, Él siempre va a sobrepasar lo que esperamos de Él y es con ese corazón que Él quiere bendecir nuestra vida este año.

Él conoce nuestras necesidades y es proactivo acerca de traernos lo que necesitamos de Él, pero como ejercicio creo que es bueno para nosotros el preparar nuestro corazón para poder reconocer su bondad cuando la experimentemos. Yo personalmente, he estado revisando las promesas que Él me ha dado, recordándome de a dónde me quiere llevar y entregándole las diferentes áreas de mi vida durante este año, así busco escuchar su voz acerca de lo que Él quiere hacer. No le pongamos límites a lo que esperamos de Él ya que Él “puede hacer muchísimo más de todo lo que podamos imaginarnos o pedir”, sino que mantengámonos llenos de esperanza la cual es la gozosa expectativa de Su bondad en nuestra vida.

Padre, sabemos que eres un buen Padre y tienes cosas excelentes preparadas para este 2017. Ayúdanos a esperar lo mejor de ti y estar expectantes de Tu bondad, que el pasado no dicte nuestras expectativas sino que sea tu amor y amabilidad las que nos den esperanza para este año. Te entregamos este 2017 y estamos emocionados de ver lo que quieres hacer.

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Señor de sueños

La vida está llena de momentos que nos llenan de alegría y otros que nos generan frustración, nos lleva en un remolino de emociones y decisiones diarias. En este ir y venir del día a día, podemos olvidarnos de los sueños que nos llevaron en algún momento al lugar en el que estamos. Hoy, al leer la carta de una amiga, recordé los sueños que tenía hace algunos años, recordé aquello que me hizo seguir y caminar a diario. Leer algo que se escribió hace tanto, me recordó que Dios está deseoso de que se haga realidad y, en retrospectiva, puedo reconocer todas las veces en las que Él ha estado ahí impulsando, protegiendo y motivando mis sueños. Es fácil olvidar el camino que hemos recorrido, cuando vivimos enfocados en las tareas; es necesario tomar la decisión de mirar atrás y percatarnos de todo lo que hemos logrado, pero principalmente, podemos ver lo bueno que ha sido Dios durante todo ese proceso.

El momento más bello no es cuando alcanzamos la meta, sino cuando miramos atrás y vemos la mano de Dios actuar persistentemente durante todo el camino. Dios nos llena de propósito y esperanza, pues quiere vernos desafiar retos y conquistar metas a Su lado. Está deseoso de explorar nuevos lugares juntos, nos toma de la mano y nos lleva a realizar imposibles. Si alguna vez te has preguntado si tu sueño es demasiado grande, quiero decirte hoy que el Dios que creó el universo y que conoce cada centímetro de ti, quiere conquistar ese sueño contigo.

Esta ciudad no solo necesita de personas que sueñen en grande, sino personas confiadas en que Dios puede lograrlo. El cambio sucede desde dentro y cuando sabemos que el Dios que creó todo lo que conocemos está acompañándonos, el camino se llena de esperanza y certeza.

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Bendición a mi ciudad

Con mi ejemplo les he mostrado que es preciso trabajar duro para ayudar a los necesitados, recordando las palabras del Señor Jesús: “Hay más dicha en dar que en recibir.”

En el esquema más amplio de la vida, la bendición es algo que preferimos recibir, no estamos muy interesados en dar la bendición. Aun así se nos dice que es de mayor bendición dar que recibir (Hechos 20:35). Pienso que esto aplica para las ciudades también. Cuando recién llegué a esta ciudad yo recibía mucho, le pedía a todos que me mostraran lugares y dependía de otros para recomendaciones sobre dónde comer, cómo evadir el tráfico y todo lo que te puedas imaginar. Como una manera de conocer una ciudad está muy bien, pero como una manera de amar y bendecir una ciudad, no es suficiente.

Para amar y bendecir algo, necesitamos más que tomar. Debemos dar. He descubierto que aprender sobre mi ciudad adoptada me ha conectado con personas y me ha mostrado cosas sobre la ciudad, mientras que compartir lo que he aprendido y lo que amo de la ciudad con otros ha profundizado mi amor por la ciudad y por su gente. He conocido personas increíbles, escuchado historias conmovedoras y aprendido sobre mí mismo al dar y bendecir a la ciudad.

Para mí dar y bendecir a la ciudad implica un esfuerzo concentrado de hablar con personas nuevas, probar lugares nuevos y explorar mucho. Significa que cuando descubro algo nuevo, algo hermoso, algo especial, lo comparto con cuantas personas sea posible. Podría continuar tomando de la ciudad evitando una conexión más profunda con ella, pasando mis días en mi propio mundo y evadiendo lo desconocido, pero hay mayor bendición en dar que en recibir. Así que elegí bendecir a mi ciudad para darle de mí y te invito a hacer lo mismo.

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El Señor está contigo

El ángel del Señor vino y se sentó bajo la encina que estaba en Ofra, la cual pertenecía a Joás, del clan de Abiezer. Su hijo Gedeón estaba trillando trigo en un lagar, para protegerlo de los madianitas. Cuando el ángel del Señor se le apareció a Gedeón, le dijo: —¡El Señor está contigo, guerrero valiente! Jueces 6:11-12

En Jueces 6 vemos la historia de uno de los grandes héroes de Israel, Gedeón. Pero cuando abre el capitulo nos damos cuenta de que en el principio de la historia está lejos de ser el líder del que hemos oído. En un tiempo en que el pueblo de Israel se escondía en terror de sus enemigos, Dios encuentra a Gedeón escondido igual que el pueblo que lo rodea. El ángel se presenta frente a Gedeón y declara sobre él “El Señor está contigo, guerrero valiente”, lejos de ser el guerrero valiente del que habla el ángel, Gedeón se sentía avergonzado de estar escondido. ¿Cuántas veces nos hemos encontrado en situaciones en donde lo único que queremos es escondernos, ya sea de las cosas que nos dan temor, vergüenza o inseguridad? Es ahí donde llega la voz de Dios para calificarnos más allá de nuestras circunstancias. Dios esta buscando a gente dispuesta a creerle, más allá de buscar gente perfecta y calificada, Él puede hacer más con nuestro ‘sí’ que con nuestros dones y calificaciones.

El Señor lo encaró y le dijo:

—Ve con la fuerza que tienes, y salvarás a Israel del poder de Madián. Yo soy quien te envía. —Pero, Señor —objetó Gedeón—, ¿cómo voy a salvar a Israel? Mi clan es el más débil de la tribu de Manasés, y yo soy el más insignificante de mi familia. El Señor respondió: —Tú derrotarás a los madianitas como si fueran un solo hombre, porque yo estaré contigo.

Jueces 6:14-16                    

A Gedeón lo definía su posición, su pasado, su insignificancia, sus circunstancias, pero Dios lo definía por que Él estaba con Gedeón. Me encanta que Dios no responde a sus excusas, por que lo que Gedeón necesita no es respuesta a sus preguntas, sino una nueva perspectiva. Dios le dice “Yo estaré contigo” y eso era suficiente; Dios lo llamaba “hombre valiente” pero Gedeón no se sentía así hasta que supo que Dios estaba con él y decidió verse a sí mismo como Dios lo veía. El futuro de todo Israel dependía de que Gedeón se percibiera a sí mismo de acuerdo a la identidad que tenía en Dios y no lo que su pasado o sus circunstancias decían acerca de él. Te tengo una noticia, ¡Eres un hombre o mujer valiente! Así es como te ve Dios, y mejor aún, ¡Él está contigo! No sé lo que el pasado te diga o lo que tus circunstancias te griten, pero el futuro del mundo que te rodea depende de que nos veamos de acuerdo a Sus ojos. No sé a qué te ha llamado Dios o si te has escondido en el pasado pero hoy Dios declara sobre ti ¡El Señor está contigo, guerrero valiente!

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La promesa fiel de Dios

“Así que no temas, porque yo estoy contigo; no te angusties, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré y te ayudaré; te sostendré con mi diestra victoriosa.” Isaías 41:10

A finales de abril del 2014, viví uno de los eventos más difíciles de mi vida pero también por primera vez pude experimentar la esperanza de Dios de una manera real. Mi mamá sufrió dos infartos cerebrales y su situación era muy crítica. Mientras esperaba en la sala de urgencias a que fuera atendida sentí mucho miedo. Su condición se volvía cada vez más delicada y me enfrenté con la realidad de que no había nada que yo pudiera hacer.

Oré a Dios y le pedí que la sanara, pero que si Él decidía no hacerlo yo le prometía que nuestra relación no iba a cambiar y que yo confiaba en Él y en su voluntad. Enseguida recibí una promesa de Dios, que sanaría a mi mamá y que la restauraría por completo. Desde ese momento todo cambio, pude ver la situación a través de la promesa y esto llenó mi corazón de esperanza.

Hace dos semanas la neuróloga que atiende a mi mamá le dijo “Lo que le pasó fue muy severo. Señora, usted volvió a nacer”. La fidelidad de Dios es tan real, ya pasaron más de dos años de que recibí la promesa viva de Dios y aun puedo ver Su restauración y rescate cada día en la vida de mi mamá.

Cuando recibes una promesa de Dios, no sabes cómo va suceder ni cuándo, pero puedes estar seguro de que Dios nunca se olvida de sus promesas.

Te invito a que en la semana le preguntes a Dios cuáles son las promesas que Él tiene para tu vida.

combatiendo mentiras

Combatiendo mentiras

Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en la senda de los pecadores ni cultiva la amistad de los blasfemos, sino que en la ley del Señor se deleita, y día y noche medita en ella. Es como el árbol plantado a la orilla de un río que, cuando llega su tiempo, da fruto y sus hojas jamás se marchitan. ¡Todo cuanto hace prospera!

En los últimos meses noté algo alarmante en mí. Lo he escuchado un montón de veces, pero fue muy diferente darme cuenta de cómo me afectaba directamente. “Pienso, luego existo”, “creas lo que crees”, etc… Lo sabía en la teoría pero no en la práctica. Y finalmente caí en la cuenta de que mi percepción de las personas a mi alrededor, de mí misma y de mi Creador estaban distorsionadas por mentiras que yo me decía. Este virus estaba perjudicando mis relaciones, mi crecimiento y simplemente mi capacidad de sentirme feliz y segura.

Las mentiras están en todos lados. Nos las podemos decir a lo largo del día siempre que nos comparamos o suponemos cosas. Nos las repite el mundo una y otra vez a través de la cultura y los medios de comunicación, “necesitas esto para ser feliz”. Y está también el padre de las mentiras que se dedica a tergiversar y deformar la verdad. No se trata de poca cosa porque las mentiras nos detienen, encierran e imposibilitan de poder amar a otros y extender el reino de Dios. Y nadie se escapa de los engaños del diablo, ni siquiera Jesús que era perfecto se libró de pasar por este mundo sin lidiar con ellos. En Lucas 4 (y otros Evangelios) el diablo tienta a Jesús y Él nos da el ejemplo perfecto de cómo combatirlo. A cada cosa que el diablo le dice, Jesús le contesta con la verdad, una verdad que perdura más allá de cualquier cosa creada: la palabra de Dios.

¿Cuál es la verdad? O más bien, ¿quién es la verdad? Jesús se hace llamar así, el camino, la verdad y la vida. Nadie llega al Padre si no es por Él, es mi mejor aliado y amigo para terminar con las mentiras. Él me dice quién soy yo, intercede por mí, me valida y ha sido el puente que nos une a todos. Mi percepción de mí no puede fundamentarse en la opinión de otros, ni siquiera en las posibilidades o debilidades que encuentro en mí. Porque hay algo más cierto que todas esas apariencias, y es que Cristo está a mi favor y cuando yo soy débil Él es fuerte por mí. ¡No estoy sola! Puedo contar con la identidad de Jesús porque murió por mí y su Espíritu habita mi cuerpo. Saber esto, que mi identidad se centra en Él, me llena de esperanza y alegría, ¿quién me puede detener si estoy con el vencedor? Me puedo caer, pero siempre tendré fuerza para levantarme y seguir, con los ojos en Él.

Jesús también se hace llamar agua viva, que si bebemos no tendremos sed jamás. Él es el agua que corre por el río y en el que podemos plantarnos o no. Lo deseo tanto, extender mis raíces profundamente en el agua más verdadera y deliciosa. A mi alrededor podrán haber sequías, huracanes, o cualquier situación, pero mis hojas no se secarán y en su tiempo daré fruto. Diariamente (y casi en cada minuto del día) debo recurrir a Dios, a Jesús y al Espíritu Santo para recordar cuál es la verdad sobre mí, sobre Él y todo lo que me rodea. Sólo Él sabe en realidad.

 

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Sanidad Profunda

Hace poco estuve en un accidente de coche y como resultado me lastimé el cuello. Fui al doctor y estaba enojado por cómo mi cuerpo me estaba traicionando. Parecía tan injusto que un pequeño accidente pudiera causar tanto daño a mi cuerpo. Estoy consciente de que conforme me vuelvo mayor mi cuerpo continúa recordándome mi fragilidad, pero esto parecía demasiado. Mientras hablábamos, o más bien mientras él hablaba y yo me quejaba, el doctor dijo algo que cambió mi perspectiva por completo. Me dijo que a pesar de que parecía que el accidente era el causante de todo mi dolor, en realidad fue solo el último evento de una serie de accidentes que marcaron mi vida desde que nací. Me dijo que cada caída, cada voltereta incómoda, cada bache, cada moretón y todos los kilos extra que encontraron su camino hacia mi estómago, comprometían mi cuerpo. El accidente era tan solo el golpe final de varios golpes previos. También dijo que si me esforzaba por sanar y preparaba mi cuerpo bien, que podría evitar dolor tan drástico y repentino en el futuro.

Mi accidente me llevó a examinar mi vida para no sólo reconocer lo que me produjo debilidad física, sino para comenzar a trabajar hacia la sanidad y la prevención de futuros golpes. Escuchar a Benny hablar el domingo pasado sobre nuestra necesidad de sanidad me recordó los golpes que he recibido emocional y espiritualmente, el dolor acumulado y sufrimiento que Jesús quiere sanar. Conforme la vida sucede y me encuentro en un lugar de angustia, sé que el evento que me llevó a la angustia fue probablemente el golpe final de muchos anteriores. Sé que Jesús quiere caminar conmigo para reconocer qué me ha llevado al lugar de angustia y después traer sanidad al dolor mientras me guía en un camino de salud y prevención. Puede que el golpe no haya sido la causa del dolor, pero sí revela sus raíces. Decidí no sufrir el momento y a su vez perderme de la oportunidad de sanar el dolor más profundo, elegí sanar del pasado y prepararme para el futuro. Un futuro de esperanza, un futuro en Él.

Josh Harder

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La Sabiduría Divina

“Salomón tenía respuestas para todas sus preguntas; nada le resultaba demasiado difícil de explicar. Cuando la reina de Saba se dio cuenta de lo sabio que era Salomón y vio el palacio que él había construido, quedó atónita. También estaba asombrada por la comida que se servía en las mesas del rey, por la forma en que estaban organizados sus funcionarios y la ropa espléndida que usaban, por los coperos y por las ofrendas quemadas que ofrecía Salomón en el templo del Señor.” 1 Reyes 10:3-5

Una de las cualidades que deseo y admiro mucho es la sabiduría. Desde chiquita mi abuela escribía los versículos de Proverbios en papelitos y los ponía en mis bolsillos como si fueran chocolate. Dios nos ha dado cierto nivel de sabiduría y una mente capaz de aprender cosas nuevas. La sabiduría me ha ayudado a solucionar situaciones difíciles y a sacar ideas buenas que aplicar en circunstancias nuevas. Entonces creo que todos pueden ver que la sabiduría es buena y deseable.

Cuando leo sobre la sabiduría que Dios le regaló a Salomón, me quedo tan asombrada como la reina de Saba. En algunas traducciones dice que ella se quedó sin palabras al ver cómo Salomón utilizó la sabiduría en todos los aspectos de su vida: la arquitectura, la construcción, la gastronomía, la organización, la administración, el escenario, el diseño textil, el tejido, los coperos, y hasta las ofrendas. Es increíble saber que Dios sí conoce de todo y tiene la mayor creatividad, estrategias y conocimiento sobre todo a lo que nos dedicamos. Hay muchos creativos e inventores que tienen habilidades e ideas impresionantes solo por usar la sabiduría natural. Imagínate qué pasaría si en lo que a te dedicas se muestra la sabiduría divina. Esta semana, invita al Señor a que te de la sabiduría divina en tu trabajo, en la familia, en la escuela, en la comunidad para solucionar problemas, para planificar y desarrollar cosas nuevas y creativas. Que seamos líderes en hacer todo con excelencia con esta sabiduría divina y así pues la gloria de Dios sea evidente en nuestras vidas.

Janice Yu

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Nos vemos este y todos los domingos a las 10 AM y 12 PM en Camino a Santa Teresa #1500, Colonia Jardines del Pedregal, Álvaro Obregón, México, D.F.

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