rama

Aprendiendo a Ser Rama

“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Toda rama que en mí no da fruto, la corta; pero toda rama que da fruto la poda para que dé más fruto todavía. (…)  Permanezcan en mí, y yo permaneceré en ustedes. Así como ninguna rama puede dar fruto por sí misma, sino que tiene que permanecer en la vid, así tampoco ustedes pueden dar fruto si no permanecen en mí.” Juan 15:1

 

Cuando pensamos en las cosas que nos caracterizan como seguidores de Jesús, muchas veces podemos pensar en acciones o conductas como los identificadores que nos delatan como seguidores del Hijo de Dios. Desde una conducta moral, disciplinas o esfuerzos conscientes por crear en nosotros “buenos frutos” generamos listas de cosas que podemos hacer para que nuestra vida se asemeje a la vida que Jesús nos llamó a vivir.

 

En Juan 15 encontramos a Jesús hablando con sus discípulos acerca del mandamiento que les había dejado (amar a Dios y amarse unos a otros) y es en este contexto que nos regala esta imagen de cómo se debería ver nuestra vida en relación a Él. “Yo soy la vid, mi Padre el jardinero” “Yo soy la vid, ustedes son las ramas” y nos agrega la clave del pasaje “Permanezcan en mí”. Pensemos por un segundo en un árbol, que se sostiene por un tronco y que por medio de sus raíces abastece de nutrientes y ultimadamente de vida a sus ramas. Esas ramas somos nosotros y el trabajo de la rama es muy sencillo,  es estar conectado al árbol y ya.

 

El problema es que a veces se nos olvida que nuestra labor es estar conectados al árbol y en nuestro bien intencionado intento de parecernos a Jesús, tratamos de generar conductas y acciones que prueben esto. La rama de un árbol de naranjas da naranjas porque esta conectada al árbol, no produce naranjas para conectarse al árbol.

 

Ahora, ¿qué distingue a una rama de un palo? la conexión. Imagínense por un segundo que nos encontramos una rama tirada en el piso, claramente esta desconectada, claramente no tiene vida. Imagina que agarremos de esas frutas de plástico que encontramos en las tiendas de muebles, tomamos cinta adhesiva y le colgamos al palo las frutas de plástico.  ¿El palo se convirtió en rama otra vez? ¿Sus frutos son buenos? Se podrán ver bien los frutos pero siguen siendo falsos, no tienen vida. A veces hacemos esto en nuestra vida, tratamos de colgarnos frutos que no vienen de una conexión con Él y nos decimos a nosotros mismos, es que tienes que trabajar en ser mas paciente, más amable, mas amoroso; pero, seguimos desconectados de nuestra fuente, de nuestra vid.

 

“El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto”

 

Damos frutos cuando permanecemos conectados a Él, y entonces así generamos frutos de paciencia por que Él es paciente con nosotros, generamos frutos de amabilidad cuando experimentamos Su amabilidad, amamos a los demás por que Él nos ama a nosotros.

 

Tenemos que aprender a ser ramas, a darnos cuenta que mientras nosotros estemos conectados a Él, es inevitable que demos frutos que hablen de Él. Aprender a ser ramas que luchen por conexión por el amor que fluye desde nuestro fundamento que es Jesús, sabiendo que cuando permanezco en relación con Él, es inevitable que me empiece a parecer a Él. Ser rama es fácil, permanece en Él, haz tu casa en Su amor y lucha en contra de todo lo que busque separarte.

 

“Y pido que, arraigados y cimentados en amor, puedan comprender, junto con todos los santos, cuán ancho y largo, alto y profundo es el amor de Cristo;  en fin, que conozcan ese amor que sobrepasa nuestro conocimiento, para que sean llenos de la plenitud de Dios.”  Efesios 3:17-19

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